De plomo y tiempo

Se quebró el cielo esta tarde, ante tus lágrimas, sin rastro de piedad ni de memoria.  Y el sol decidió huir de repente, como si quisiera esconderse de nuestros miedos. Ni un eco sustantivo, ni un recuerdo esquivo para mirarnos. Solo tu voz que desciende para llamar mi atención sobre el momento anudado a nuestras almas. Es este momento. Y te incorporas como si nada, con una facilidad imposible. Sonríes y me da miedo que sonrías, porque llevas meses sin hacerlo y no sé que hacer con tu sonrisa. Me tiendes tus manos temblorosas y siento un vacío poderoso, definitivo. Las tomo despacio y tiemblo yo como si fueras tú, y sonrío yo para que llores tú. Desdice el llanto tu morada y niega la vida con nostalgia, como si ya te hubieras ido. Te dejas caer despacio hasta hundirte en un febril cerrar de ojos que anuncia lluvia, que moja ya el cristal de la ventana. Huele a prado rojizo y vulnerado.  Y huele a salitre viejo, a óxido y fango. Estaré a este lado de plomo y tiempo, hasta que pueda dejar de mirarte. Hasta que Dios te conforte con su aliento.