La última mirada

Te encontré hoy acurrucado ya en el camino de vuelta, más tarde que pronto según todos esperábamos. Y entre el trasiego de unos y otros, tu soledad casual me recibió en silencio. Y en un momento de descarada lucidez me miraste, ungido de Misterio, mientras oraba sobre ti, como tantas veces. Se agotó tu mirada y ardió mi pecho de certeza ante tu cuerpo deshabitado y bello; sereno y fiel. Cerré tus ojos y los míos y descubrí tu adiós y sus anhelos, tus miedos suspendidos en las viejas fatigas y todo el amor que has dado. En un instante, abandonaste tu cuerpo arqueado como una  luna menguante,  para alcanzar la luz merecida, el descanso eterno, el abrazo del Padre. Nunca olvidaré tu mirada, hermano.

César Cid