Velad

Esperanza y fraternidad, ambas fruto de la caritas, hilo divino que cose con firmeza los dos mundos, el presente y el que nos espera, y que permanece porque es eterna.  Fraternidad en la esperanza de un mundo nuevo desde el acontecer sabido del que viene, encargado de sostener este mundo modesto y trágico y el futuro, como Cordero de Dios. Su reino está presente aunque invisible, y necesita el parto renovador que da sentido a la espera desde los ojos de la fe. El tiempo salvífico contiene el tiempo cósmico en la finalidad de Dios y el nacimiento mesiánico es el centro sobre el que basculan ámbos. Jesús es el signo de fidelidad de Dios con el hombre, la prenda, la garantía. En Él la vida cobra sentido y la salvación certeza. Velemos este adviento para descubrir el camino vertical que el Emmanuel viene a marcarnos. Y con nuestro horizonte construyamos la cruz, Él y nosotros, para acceder un día a la ciudad celeste, sublime y perfecta.

César Cid

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