Cultivar sonrisas

Respiras ya todo el aire que la enfermedad te negó durante tanto tiempo. Esta tarde he cerrado tras de mí tu cuarto vacío.  Durante instantes imaginé que seguías gesticulando tus miedos, entre bromas y nostalgia. Mirando la nada, algo enfurruñado todavía, reservando tu sonrisa leve para la despedida. No sé cuántas pude cultivar, cuántas sonrisas… pero me ahora me arrepiento de no haberlas contado, para asegurar tu recuerdo mucho tiempo. Aún veo tus hombros suspendidos para decir en silencio que nada había cambiado, nada. En los últimos días se te puso cara de viaje, de preparativos, de asombro. Tiempo atrás compartiste con nosotros tu fe callada,  con gestos livianos, temeroso de adelantar el viaje. Esta tarde te estalló la vida para dejar el dolor y el miedo a este lado, para abrir los ojos nuevamente, para encontrarte con el pasado que se eterniza como un milagro. Quedamos rotos en tu ausencia, prevista y dolorosa. Dormirás ahora abrazado a los recuerdos, oliendo a ropa recién lavada, ante la mirada amorosa de tus padres otra vez, querido Fermín. Te echaremos de menos, amigo. Hasta siempre. César Cid

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