Unidos en lo extraordinario

En solo unos días el mundo se regocijará en la esperanza de un tiempo mejor invocando a la suerte y la fortuna, mediante diferentes rituales de transición y una clara intención de buenos propósitos para el año que ya se asoma descaradamente. Aprovecho este momento para dar las gracias a quienes me acompañan frecuentemente en la asistencia a enfermos- personal y espiritualmente-. Este que se va, ha sido un año de despertar interior para muchos de nosotros.  Es frecuente que, cada vez que profundizas en la experiencia del sufrimiento, tu vida cambie desde los pequeños detalles que el Espíritu te brinda. Privilegiados por participar en la intimidad interior de quien abandona esta vida, descubrimos que estamos unidos en lo extraordinario. Durante un tiempo variable compartimos el espacio sagrado como un solo ser, más allá de la historia personal que arrastramos, y acompañamos al hermano hasta el abismo, hasta el umbral de la nueva vida que le espera, compartiendo su carga de miedos y culpas, en una tormenta serena de Misterio y voluntades. Unidos en lo extraordinario Dios nos revela que los fracasos no cuentan ni pesan, que su Amor arde y los incendia para que caminemos sobre las cenizas de nuestros errores.  En determinado momento las palabras se acaban como si dejaran de existir. El hermano que parte entra en la bruma y se aferra a las últimas certezas con el tacto, el último vínculo con este mundo. Suelta y atraviesa la frontera del tiempo y el espacio en una vibración solemne que nos eriza el vello y empuja nuestras lágrimas. E imagino que escucha su nombre y que proclama su , confiado ya a los brazos de quien le pensó para la eternidad. Unidos en lo extraordinario, hermanos, cada vez que nos hacemos plegaria para el otro y recibimos- como él- la caricia sublime de la unción que el Espíritu derrama. Nuestra experiencia sucede más allá de medidas temporales, aunque estemos sometidos al tiempo en esta existencia. Gracias a todos los que nos permitieron acompañarles en este año, que entregaron su cuidado en otras manos, sabiéndose acunados en los brazos del Padre. Os prometí una oración esta noche inquieta, para hacer nuestra vida un poco más transitable y consumar mi condición peregrina, pensando en vuestro viaje interminable. Gracias.

César Cid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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