Recuerdos sombreados

Se te olvida preguntar y lo prefieres. Tu vida se ahoga vacilante, mientras remueves la arena del pasado, hogar de pasos borrados sin tregua. Sombreas los recuerdos con tus manos, temblorosas y susurrantes, como tu voz. La soledad sacude el látigo de tu ahora, de tu presente, y revela un miedo nuevo, de atardecer virulento. Ya no habrá tardes de sol y timbales, amigo. No importa si te engañas para no ver la vida colmada, para no escuchar la última ola. El mar entero espera en silencio tu arrebato para replegarse. Puede ser en el último minuto, si quieres. Llora y vacíate de todos los afanes viejos, que no se romperá tu pecho si no es de amor, en el recuerdo de lo amado.  Y a amar nadie nos enseña, hermano. Recuerda todos los abrazos y los besos, que una vida gastada es semilla para Dios. Espera su luz y su fuego confortable. Él te salvará del cruel naufragio, para la eternidad. Y comprobarás que nunca estuviste solo.

César Cid

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