Aunque no me veas

A golpe de latidos fraguas la vida que te queda, con ánimo de niña entusiasmada. Nada puede destruir el amor, nada- me dices- mientras repasas las tarjetas que minuciosamente has ido preparando para seguir participando en la vida de tu hija cuando ya no estés. Fotos con frases inmortales, escondidas en sobres que un día encontrará. Objetos preparados para momentos importantes de su vida, recuerdos que volverán a uniros- me dices- en situaciones inolvidables que ya vivisteis. “Quiero seguir en tu vida aunque ya no esté, aunque no me veas”. Y esta frase literal que dices a tu hija me encoge el corazón. Siento simas abiertas a mis pies mientras sujeto un par de lágrimas rebeldes y tú te emocionas. Y tus palabras revelan el verdadero amor; la economía de tus gestos revelan sentido y seguridad. Has contado los pasos de tu niña desde que nació. Ahora preparas los postreros, de la mano de su padre, ante tu mirada ya sagrada. Saben que no te perderán, querida amiga. Cerrarán sus ojos, como  les enseñaste, y hablarán con Dios. Y entre tanto velarás sus vidas como siempre has hecho. Gracias por la lección.

César Cid