Contempla

Tu voz entera declama ya el suspiro plácido, el aliento último, el hilo sublime. Tu cuerpo deshace el arco que el dolor te infligía, con suavidad, como si fuera a integrarse en el viejo corazón que suena a epílogo y se ablanda, muy despacio.   En el rincón pequeño de tus ojos dos lágrimas agonizan lentamente. Parece que compitiesen las dos, las dos últimas, tan pálidas… Alborotas los recuerdos entre corales y olor a lumbre.  Cierras los ojos para tomar la llave que reposa en el quicio de la puerta.  Ahí está, donde siempre estuvo, rugosa y fría, madrina de tus secretos, dispuesta a cerrar la puerta de tu mano para siempre. Tocas con suavidad los viejos maderos y chirría el viejo gozne, definitivamente. Y dejas el verano para nosotros, dispuesta a recuperar todo el amor que perdiste entre tanto vivías, a lo largo de tus sueños. Contempla ya el día duradero donde jamás se pone el sol. Contempla.

César Cid