Quien eras

Guardas devoción de anticuario por la vida. Observas con fruición las sombras de las cosas pequeñas, los garabatos que tu memoria desborda en lágrimas frugales, distraídas y solemnes. La nostalgia enfría aquellos recuerdos desnudos que guardabas en los espejos ajenos, convencida de evitar la curiosidad infantil de los fantasmas de la familia. Los crisantemos hablan tu lengua imprecisa hasta que mueren, testigos del amor último, coronados de dolor. Quien eras se quedó entre bruma y las estatuas ignoradas. Predicabas con las manos en ceremonias místicas, en el arrobo estrecho que lamina la carne incómoda para el paseo. En éxtasis, desapegada de todo, arruinas nuestra esperanza con tu última mirada. La noche te presta el olvido para embeberte en sopor y en lecho nuevo. Esperamos tu sosiego y nuestra paz mientras anochece.

César Cid

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