Abrirse al dolor

Si eres capaz de abrirte a tu dolor, de reconocerlo, percibirás lo sentimientos de quienes te rodeamos. Comprobarás, entre otras cosas, que no eres el único asustado. Y te costará menos resistirte a las atenciones que necesitas, revelarás con serenidad aquello que realmente necesitas en cada momento. Desbloqueado por amor, así me gusta llamarlo. Ya no querrás controlar nada, te dejarás llevar. Y ahora tienes el poder de aceptar para dar pasos, para ir más allá. Resistirse al dolor y al sufrimiento impide la verdadera conciencia de lo que somos, de descubrir cuál es nuestra verdadera naturaleza. Cuando te acompañamos, nos preparamos para dar sentido a nuestra propia vida, a nuestros sufrimientos, sin intervenir en los tuyos. Tu dolor nos invita a profundizar en nosotros para ponernos a tu disposición, con respeto y compasión. Nuestra labor exige vigilar si nos mueve alguna intención oculta o interesada. Solo así nos abrimos a tus momentos y a la vez a la presencia de Dios, que transita sin dominar, que acontece con dulzura. Él mediará entre su mundo y el nuestro para que contemples la bendición  del amor que inunda la vida desde su inicio hasta el final.

César Cid