Creo

Hoy me conmueven tus gestos. Transitan mi mirada y consigues hacerme sentir tanto como si me hablases.  Creo que cada pensamiento tiene su expresión propia y algunos tuyos de esta noche podrían detener el universo unos instantes. Eso creo. Incluso me devuelves una sonrisa fría y resucito del miedo a perderte para siempre. Creo que podría mirar el mundo desde tus ojos, como Borges miraba su Aleph, y comprobar que el mar es agua salada y que el cielo está muy lejos de nosotros. Sí, eso creo. Será por mi extraña manera de ver la vida. Seguro. Siento que amar es olvidarse de Dios para demostrarte capaz de obrar sin su mirada, sin disimulo. Y volver a buscarlo ya en la penumbra, para pedirle la luz que te saca de la confusión y te aleja de las voces de la noche. Pensarás que soy un maldito egoísta que no para de hablar de sí mismo, incluso en momentos que no le pertenecen… Tanto sueño ha triturado mi conciencia, creo. Especulo sobre el sentido de mi vida mientras entregas la tuya, amigo, de buena gana además. Creo que busco sin saber dónde, aquello que ni siquiera sé qué es. Mi vanidad te ha borrado antes que tu enfermedad y lo siento, perdóname. Envidio tu vida porque al menos tiene un final; la mía no tiene nada. Ojalá existas en algún lugar después. Me marcho porque no he aprendido a vivir y me agota tanto esfuerzo. Me condena la virtud, no el pecado. Creo que Dios estará siempre donde no estoy y que el verdadero milagro eres tú, envuelto en la paz de tu agonía. Creo.

César Cid