Guadalupe

Creciste en la espera insoportable de cada día, en tu caminar errático entre nosotros, en los pliegues de tu memoria que la enfermedad fue robándote, entre recaída y recaída. Creciste por encima de todo, aún sin saber que lo hacías, mientras esa dignidad tuya tropezaba con la realidad inevitable. Tanto, que  aprendimos la lección desde el silencio y nos perdimos  tu viaje a las estrellas. Nunca creímos que volarías un día, nunca. Tú no y no sé por qué. Quizá porque te recuperaste tantas veces, me parece mentira ver tu cama vacía. Acostumbrado a tus bromas frecuentes, a tus tiritonas de friolera y a tu risa aguda y escandalosa…  Te echaré de menos. Mucho, Guadalupe. La muerte es la única circunstancia de la vida que no necesita preparativos. Acontece y punto. Pero creo que la muerte no existe, querida amiga. Mueren las promesas y sus palabras, mueren las mentiras y los miedos.  El amor ni siquiera envejece, ¿sabes?  Antes de nacer Dios preparó el cobijo que ahora te espera. Préstanos tu fe para crecer como tu alma laboriosa, para escuchar la voz que a veces desoímos.

César Cid