Gracias Ángela

Llegar hasta el silencio para cambiar de mirada

y postrarla ante el altar de una vida, ya sin raíces.

Manos valientes que abrazan al miedo,

hasta soterrarlo entero.

 

Creo que sentiste el rumor de la sangre tímida,

savia cansada de tanto viaje,

para mirar con los ojos de la luz,

como en la quietud de la montaña solitaria.

 

Y nos enseñas el mirar nuevo, brillante, duradero,

de ojos alados, de brisa suave y colosal,

para llenar de esperanza esa terrible soledad acaecida.