Jesús y Sebastián: una historia de amor

Reproduzco el mensaje de Sebastián, un hermano que ha experimentado la presencia de Dios y ha vivido una conversión digna de conocer. Me pide que comparta su experiencia y vuestra oración.

«Hola, me llamo Sebastián voy a hacer 55 años.  Soltero, último de siete hermanos, llevo los últimos diez años luchando contra la soledad, la ansiedad crónica, la depresión y la enfermedad de Crohn,  pero fue a principios de este año cuando recibí el golpe más duro.  En una revisión intestinal por imágenes aparece un hallazgo casual:  cáncer renal. ¿Cómo podría yo solo con todo aquello? Ante tal diagnóstico caí ante Dios. El Señor poco a poco me empezó a llevar a casa… me abandoné a Él.  En la soledad de la noche lo imploré para que me ayudara,  para que no fuera cáncer. Estuve tres meses en lista de espera. Tres meses de reajustes, de hacer las paces con Dios, de prepararme para todo y suplicar que no perdiera el riñón. El 12 de agosto  entré en quirófano. No perdi el riñon, definitivamente no era cáncer,  era un angiomiolipoma que,  sí podía volver a reproducirse,  pero no era maligno. Los urólogos me dieron por curado, no tengo revisión hasta el año que viene.

Volví a la iglesia Católica que deje a los catorce años y hoy me siento como un niño acogido por Jesús.  Recibo clases de catecismo nuevamente y asisto a Misa. Estoy aprendiendo a rezar  el Rosario… Ahora,  pase lo que pase,  mi vida y mi muerte esta en las manos de Jesús. Cuando miro hacia atrás veo un puente entre los catorce y los cincuenta y cinco años.  El resto pasan por debajo, como un río revuelto de pecado, de equivocaciones, de humillaciones y metas desastrosas.   Rescato de ese barrizal los recuerdos de mi madre y su fe en la virgen del Perpetuo Socorro, y muy pocas cosas más. Ahora tengo quince, los años que tengo en Cristo y la fe católica.  No sé  cuanto tiempo voy a vivir pero sí que Jesús estará conmigo.  Muchas gracias, orad por mí.

Sebastián».

Querido hermano, gracias. Estoy convencido que tu testimonio ayudará a muchas personas. Por cierto, ¿sabias que tu nombre  proviene de la palabra griega σεβαστεύω (sebastéano’), derivada a su vez del verbo σεβάζω (sebázo) cuyo significado es ‘reverenciar, honrar’? Un fuerte abrazo

César Cid