Amor tan puro

A punto de abandonar la adolescencia abandonó la vida, rompiendo la tuya,  como un estertor amargo y cruel. Y esta somnolencia en la que vives te oprime y te libera a la vez, en una extraña comunión sentimental. Perder una vida te niega los deseos durante un tiempo. Perder la de un hijo mutila cualquier  esperanza posible e invalida la  armonía posible entre Dios y el mundo. Sentir demasiado nunca es demasiado si se ama de verdad, como tú lo amabas. Y ahora encuentras inútil cualquier distracción que te impida recordarle. Como madre te obligas tanto que ni duermes ni despiertas, en este histérico caos en que vivimos, incapaz de entender el dolor y su lenguaje. Te toca reconstruir lo que eras, con la ayuda de quienes tanto te aman. Y recuperar el deseo de vivir hasta el extremo para conquistar la luz que siempre brilló para ti. Y volver a ser amor para el amor, como aquella mujer que recuperó su vida tras la polvareda de aquellas sandalias desgastadas, confiada en tocar al menos una fibra la  túnica de Jesús. Siento que Dios ha enjugado cada una de tus lágrimas y le ha mostrado tus besos ante sus primeros balbuceos, para que él, tu hijo,  siembre la eternidad de un amor tan puro.

 

César Cid