¿Dónde moras Rabí?

Hoy siento la carga de los días como si me desentendiera de mí mismo, como una parálisis del alma. Me expreso vegetativamente – hablo, gesticulo, asiento-, ausente de toda emoción, de todo pensamiento, de toda voluntad. Y a través de los demás me veo en el miedo de mis semejantes, en el vacío del abrazo esperado, en el dolor de la ausencia de quienes iluminan hasta el infierno con su presencia, por amor, por puro amor. Hoy, como cualquier día durante dos décadas, acudo al sagrario para llevarte al hermano que sufre su enfermedad y, como el centurión, recita cada vez su indignidad y la esperanza de tu palabra que bastará para sanarlo. Pero hoy no es un día cualquiera. Tras muchas jornadas de sombra, empapado en las lágrimas de los hermanos, me siento sin fuerzas. Pero aún es peor sentirme solo, incapaz de salir de tu espacio, incapaz de caminar dos pasos. Hoy no te siento a mi lado, Señor, y me da miedo. Me paraliza sentir que no te encuentro, que no te siento…

¿Dónde moras Rabí? Miguel llora la ausencia de Mercedes y ella, impotente, clama al cielo por un beso suyo. Mariano siente la ausencia de Pili como una losa y se hunde en la oscuridad sin poder yo evitarlo. Dolores llora porque sin rehabilitación no podrá volver a caminar, Carmen ignora qué pasa con su esposo, ingresado en otro centro, y se rompe cada día un poco más. Y no sé que hacer, ni siquiera puedo darles un abrazo. ¿Dónde moras Rabí? Hoy no te encuentro y estoy seguro que algo estoy haciendo mal, que estoy bloqueado en el laberinto que realmente soy y no alcanzo a vislumbrarte. Espero claridad de otro día nuevo, respuestas que me permitan caminarte entre el dolor de las voces multiplicadas y encontrar de nuevo un claro de tu mano, Rabí. De tu mano.

César Cid

 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí, ¿dónde moras? (Jn 1:38)