Adiós Miguel

 

Ya están aquí tus alas, Miguel. No hubiéramos querido verte volar nunca, amigo. Pero las circunstancias importantes de la vida suceden en su momento, cuando toca. Y siempre es duro. Podemos vivir con muy poco, de hecho suele ser lo mejor para nuestros egos, pero no podemos vivir sin amor, no. Y el tuyo no es uno cualquiera, que va… Solo hace unos días me hablabas de ellas, como siempre, con los ojos muy abiertos, con la ilusión de un niño enamorado de la vida, dueño de una admiración espectacular. “Os quiero mucho”, un hilo de voz en las breve videollamadas durante esta pandemia, justo después de preguntar mecánicamente: ¿cuándo venís? Mercedes, Raquel, yo nunca he visto tanto amor. Todo este dolor que ahora sentís ha de ser bálsamo algún día, fruto de ese querer devocional que os profesaba. No puede ser de otra forma. Dócil, bueno, cariñoso y magnífico amigo. Y como amigo termino diciéndote que nos habíamos conformado con tu presencia, por necesidad. Nos damos cuenta que amamos cuando necesitamos a esa persona para ser realmente quienes somos, porque está en nuestra vida, porque lo queremos. Miguel, ya no necesitas viajar con la imaginación. Ahora vuela.

César Cid