Turia

Te clavó la vida a una cama muy temprano, durante la madrugada traidora que borró tus pasos para siempre. Envolvió Dios tu cuerpo roto en sus brazos, con mucho cuidado y la niebla que te acompañaba se disipó para mostrarte como eres: madre y bella. Y comenzó tu silencio y nuestros miedos. Y así, en postura imposible y mirada perdida te acompañamos muchos meses, demasiados, imaginando el dolor que tus gestos significaban. Nada físico, querida amiga, de eso siempre estuvimos seguros. Acompañamos tu sentir mudo, incapaces de corresponderte salvo con palabras y oraciones, que confirmabas con lágrimas descaradas.  Encerrada en ese cuerpo con el que tanto luchaste, en suspenso entre el día y la noche, esperabas volver para abrazar a tus peques otra vez y para buscar un refugio seguro, lejos de cualquier batalla. Has librado muchas y has comprobado que nadie gana ni pierde. Se rompe la esperanza para todos y el mundo se vuelve más oscuro. Tu barco ha tocado muelle, amiga. Después de navegar sin rumbo estás a salvo. Ahora te acompaña Jesús, arremangados sus pantalones hasta la rodilla,  engancha ya el cabo que tanto tiempo ha flotado por el mar, y te acompaña a casa. Nosotros nos quedamos en el muelle, seguros del futuro que te espera. No lamentes este tiempo errado. Lo que te espera borrará cualquier recuerdo doloroso.  Cuéntale a El todos los detalles, pero sobre todo dile- aunque ya lo sabe,  le gusta oírlo- cuánto has amado a tus hijos… Ya despiertas a la vida, ahora descansa. Ya eres la luz  que ansiabas.

 

César Cid