Hecho cenizas

Sostienes la vida sobre tu pecho frágil y me hablas despacio, en susurros interrumpidos por la enfermedad que te destierra. Y del humus- tierra-me dices bondades que gotean, como tus lágrimas; las últimas. Vuelves al seno con los que te amaron y reposan en la espera  que ni Godot pudo imaginar. “Voy a ocupar un pequeño hueco, hecho cenizas, entre sus cuerpos”. Nada es comparable a las revelaciones últimas, al mirar postrero, a la luz invisible. Querido hermano, incluso teñido en la piel que te contuvo tanto años eres bello, como tu vida, como tus palabras, como tu mirada líquida. Has necesitado pocas palabras para emocionarme. No merezco tu voz en clave de eternidad y aún así me regalas tu mejores recuerdos.  Las lágrimas acarician de nuevo los pliegues de tu cara y nieva entre tu mundo y el mío. La vida sigue para los dos, querido hermano. Al borde del ser vive el Eterno, cuyo nombre es impronunciable desde este lado. Sal del mundo que duele y regresa a la caricia tibia de quien ama primero. Y canta.

César Cid