Exilio de la vida

Pessoa lo llama dolor universal de vivir. Sensación de vacío, de hambre sin apetito. Yo lo llamo exilio de la vida. Es como vivir sin que nada importe realmente. Un tedio sublimado tal vez, en la inseguridad no reconocida, en el miedo desterrado. Para qué pensar ni sentir, si ni siquiera conozco el lenguaje de mis sentimientos y  soy incapaz de transmitirlos… En la superficialidad de los afectos y la hipocondría cegadora que nos domina, buscamos el fondo del mundo, los agujeros negros, la vida fuera de nuestro planeta.  ¿Para qué? Se nos pierde el mundo en el tiempo derramado sin aprovechar un beso, una caricia, un aroma. Y perdemos la vida, no solo el tiempo, mirando lo que no vemos y recordando lo que nunca sucedió. Hace unos minutos visité a un enfermo grave, que una simple caída ha complicado aún más su estado. Y en el peregrinar de manipulaciones, técnicas, medicación y posturas imposibles me habla como si el dolor no fuera con él. Le hubiera prestado mis gritos, mis quejas, mi rabia… pero he descubierto que no los necesitaba y que no tengo ni idea de cómo vivir, en este decorado  creado para mi- nuestra- supervivencia. Pedro me ha enseñado el camino para regresar del exilio y volver a la vida esta tarde. Sólo de una cosa estoy seguro: que necesito a Dios más que nunca.

César Cid