Bea

Ni un lugar para descansar y dilatar sus sueños  tanto como siempre quiso, imaginando que cubrirían el espacio atroz de su vigilia. Ni un solo lugar para descansar. Deseó soñar todo el tiempo para no imaginar el dolor de su madre, encadenado a una vida sórdida y prestada, tras su partida, descarnada y amarga. Vivió con el corazón a punto de  partirse en pequeños fragmentos titilantes, mientras disimulaba su gran tristeza, y sonreía para decorar los compromisos de su familia, ignorante del drama. Planificó su estrategia con delicadeza extrema. Nunca tuvo miedo a morir. Morir se acaba, recordó de labios de un poeta. Y zanjó la pena que tanto le persiguió y venció a la vida porque realmente necesitaba vencerla. Se alzó solemnemente ante el mundo informe y oscuro. No tuvo tiempo para arrepentirse porque la tarde le pertenecía, como un anillo ajustado. Se aquietó el atardecer durante segundos para mecer su cuerpo durante el viaje.  Fue solo un momento. Creo que Dios la esperaba personalmente para las primeras lluvias, porque Él está en todo. En el aire, paz y el sonido suave de las hojas, todo propicio a olvidar el miedo y la tristeza.  Porque solo el amor es digno de fe.

Cesar Cid

Para mi compañera Águeda, luz para tantas lágrimas…