Amén

El tiempo- usurero cruel- ha desgastado tu mirada dulce,  apenas la enfermedad llamó a tu vida, numerosa de días y de anhelos. Sujetas ya el telón con una fe envidiable y niegas cualquier temor acontecido- dices- estando Jesús tan cerca. Tu corazón guarda el secreto del espacio y del tiempo, de la nada y del banquete, del amor y el desamor. Serás toda suya como esperas, misterio para nuestra vigilia, alimento para nuestra esperanza. No es tristeza sino música tu acontecer inmóvil, tu rostro deslucido y esta paz regalada. Silencio de preces reconstruido, silencio de presencia encendida. Silencio. Pregúntale a Virgilio si existen mejores formas para expresar amor. Si es el eco de la vida entregada lo que ahora siento a tu lado, morir es  dejar hacer  a Dios y contemplarlo. Amén.

César Cid