Gozo eterno

Te privó la vida del aire acomplejado y te siento frágil aunque segura. Es la cáscara que se rompe para conducirte al Sol reconciliado con el mundo, desde el amor que diluye toda sombra y todo miedo. Me dices que quieres irte con Él, que te puede ya tanta dificultad para vivir. Has preferido dejar de hablarme y que orásemos juntos ante el Señor. Tu pecho se ha relajado tras el esfuerzo y con los ojos cerrados sonríes mis pobres palabras de alabanza en silencio. Y le tomas con reverencia y más silencio, para sentir el dulce néctar del cielo, amiga. Terminamos y te dejo sosegada en el encuentro interior que burla al tiempo sus ahoras ridículos. Mañana volveré. No será necesario que te agotes hablando. Guarda el aire necesario para el encuentro. Después nada te privará ya del gozo eterno.

César Cid

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *