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En Adviento el Señor prepara su morada singular en el seno de María. Este Adviento preparemos juntos la casa al Señor. En María fueron guardados los tesoros de Dios, que la escogió como Madre. El verbo esperó el tiempo concreto para desposarse en ella con la naturaleza humana. María debía convertirse en la fuente de la gracia… La fiesta de la Inmaculada ilumina como un faro el tiempo de Adviento, que es tiempo de vigilancia y de espera confiada en el Salvador. Celebramos el nacimiento de Jesús, Esperanza para el mundo. Dios nos ha elegido para dar sentido a nuestra vida. El corazón del creyente, lleno de gozo, entona el Gloria con alegría e ilusión: ¡El Salvador del Mundo está entre nosotros!
César Cid
